19/Ene/2019

La Almoraima y el Parque de Los Alcornocales.Por: Ángel Luis Jiménez

IAM/ALJ Lo que está ocurriendo en este país con la destrucción del paisaje y de sus espacios naturales es para estar preocupados. Este Gobierno está dejando en precario todos los parques naturales que sobreviven en las proximidades de las costas andaluzas desde la Almoraima hasta Cabo de Gata.

La Almoraima y el Parque de Los Alcornocales.Por: Ángel Luis Jiménez
Hace unos días se difundieron las últimas fotografías nocturnas realizadas por la NASA desde la Estación Espacial Intercontinental, y España era una concatación de luces que nos mostraba un pañis muy iluminado por sus ciudades. Aunque también había zonas oscuras y una franja negra que dividía la provincia de Cádiz en dos de Norte a Sur. Esa isla oscura es el Parque Natural de los Alcornocales, y dentro de sus límites está la Almoraima. El Gobierno pretende vender o más bien regalar este latifundio público del Campo de Gibraltar (más de 14.000 hectáreas), pues dice que le está costando dinero. La Almoraima como sociedad del Ministerio de Medio Ambiente está mal gestionada, en 2013 sus cuentas no han pasado el análisis de la auditoria Deloitte encargada de fiscalizarla. Y saldrá de esas pérdidas gracias exclusivamente a una subvención de 2,34 millones de euros que el Estado le concedió para gastos corrientes, cuando se encuentra en un proceso abierto de privatización.La Almoraima dependiente de la dirección general de Desarrollo Rural y Política Forestal era un latifundio público que daba beneficios en todos los ejercicios entre 1993 y 2007. Y hasta ahora  la auditora Deloitte no había reflejado reparo alguno en las cuentas, ni salvedades en el informe de los resultados. Estos reparos a una empresa del Estado no son normales ni habituales. Pero lo más curioso es que parte de la subvención recibida se está utilizando para una “reestructuración de personal”. De un total de 99 empleados, doce trabajadores han salido el año pasado de la empresa La Almoraima. Y todo esto para que el comprador del latifundio se encuentre con una plantilla más delgada y una empresa más saneada.  Pero para hacer más atractiva la venta de La Almoraima, la dirección de la sociedad transmitió a sus posibles compradores un plan de usos que permitiría levantar un complejo turístico de lujo -hotel, campo de golf y aeropuerto- en la zona de la finca que no está dentro del Parque Natural de Los Alcornocales, aunque si en su borde. La Junta, que se opone a la privatización, ha empezado a tramitar una ampliación del parque que incluya el 100% de la finca. Sin embargo, la directora de La Almoraima, Isabel Ugalde, puesta por el Gobierno del PP ya ha recurrido esa ampliación ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. No sé si la Junta conseguirá evitar este nuevo atropello a un espacio natural como ha ocurrido con los del Algarrobico, Valdevaqueros y otros.Lo que está ocurriendo en este país con la destrucción del paisaje y de sus espacios naturales es para estar preocupados. Este Gobierno está dejando en precario todos los parques naturales que sobreviven en las proximidades de las costas andaluzas desde la Almoraima hasta Cabo de Gata. Cada día nos encontramos con un nuevo plan faraónico o de lujo que está al acecho de nuevas presas. Alcornocales, pinares y otros bosques centenarios corren el riesgo de ser barridos por un monstruo como el hotel del Algarrobico de Carboneras, el proyecto de La Almoraima o el de Valdevaqueros. La prepotencia de los saqueadores campa a sus anchas y son recibidos como reyes por nuestros políticos y Ayuntamientos.Hace unos días en El País, el conocido escritor Juan Goytisolo decía que para quienes hayan conocido la costa mediterránea española de hace medio siglo viajar hoy día por ella es presenciar una feria de horrores y un involuntario ejercicio de masoquismo. Goytisolo conoce muy bien las costas andaluzas y sobre todo las tierras de Almería, pues escribió en los años 60 dos maravillosos ensayos o libros de viaje titulados “Campos de Nijar” y “La Chanca”. Por supuesto, no tiene la menor duda de que el culto al dinero fácil ha convertido la costa mediterránea española en un espectacular adefesio. Ya solo espera que las generaciones venideras juzguen  como corresponde la codicia de unos y la prepotencia de otros en su miope concepción de un progreso que se ha desvanecido como un espejismo a costa de la destrucción de un paisaje que permanece vivo en la memoria de los viejos pero que ya no se recuperará jamás ni lo podrán ver los jóvenes.

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